El Cañon del Ocre
05/09/2017

Campos Lilas, dulces y amaderados

DOMAINE DE PUBERCLAIRE. Cada planta de lavanda genera 600 gramos de flores y en cada espiga de lavandín hay 120 botones florales

NORTE DE CORDOBA. LA CUMBRE.

Una vez al año, las praderas del Valle de Punilla se llenan de flores. Cerca de 18 millones de lavandas y lavandines tiñen las sierras cordobesas, desde el único establecimiento productivo del país que se mantiene sustentable con la preparación y composición de fragancias.

 

S e puede llegar a La Cumbre para dejarse llevar por los aromas que dan vueltas entre el clima y las alturas. Se pueden ver los colores, que salen de lo tradicional cuando muestran un quiebre en los campos lilas.
Domaine de Puberclaire, es la región de Francia que dio origen al cultivo de las primeras plantas de lavándulas, sobre las planicies de un pueblito de 2000 habitantes, ubicado en los Alpes de Alta Provenza, llamado Valensole.
Desde 1980, en Argentina este nombre hace referencia al único complejo agroindustrial dedicado a la preparación y composición de fragancias y perfumes de neto corte comercial.
El esfuerzo, es el resultado -de la dedicación sobre este cultivo- de la familia del ingeniero Químico Héctor Cortes en un predio de 4,5 hectáreas, tecnificadas por un sistema de irrigación subterránea para las variedades Grosso, Súper y Mont Blanc.

La Cumbre acompaña por sus condiciones climáticas y características edafológicas del suelo. Son idénticas a aquella región de Francia, donde la altura sobre el nivel del mar alcanza los 1200 metros, el sol brilla bastante y se produce una oscilación térmica en un marco de muchas horas con frío, aunque días muy calurosos en el verano.
Las condiciones son óptimas, para un espectáculo único por ver, a partir la floración de este campo entre los meses de diciembre y febrero.
Uno puede recorrer cada sendero para percibir la calma y relajación que brinda el fruto. También ingresar a la destilería, donde las cargas con 250 kilos de flores de lavanda se transforman en aceites y otros productos con valor agregado como las fragancias y composiciones derivadas.
Todo un trabajo artesanal que no es fácil, si se interpreta que en Argentina la unidad económica mínima para la sustentabilidad de este tipo de emprendimientos productivos se posiciona en 25 hectáreas. Los costos y el laboreo son altos y con el correr de los años, han hecho que solo esta familia se transforme en los únicos productores de lavandas del país.
El dato genera preocupación, ya que si algún clima adverso (sequía, granizo o los incendios de la zona), golpea la cosecha, la única opción que queda es la importación de esencias para no cortar el flujo productivo.
Según el INTA Castelar, en nuestro país no hay estadísticas precisas sobre los elaboradores de esencias naturales para su utilización en perfumería. Se sabe que hay más de 300 nomencladas en todo el mundo y en Argentina -excepto la menta, eucaliptus, naranja, lavanda y la citronela- todo se importa.
En estos campos lilas, con aroma dulce y amaderado, los lavandines se llenan de 1 kilo y medio de flores por planta y las lavandas alcanzan una floración de 600 gramos.
En cada uno de ellos, son perceptibles entre 100 y 120 botones florales, encargados de llenar la pradera de aroma.
Es curioso ver en la puerta del lugar, varias familias serranas ofreciendo –a voluntad- ramitos de peperina y tomillo. Todos brotes frescos de la montaña, que acompañan algunas tardes, después de una tenue lluvia.

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Nos vemos. Siempre hay un justiciero, por todas partes y en el campo.