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Agro: el clima extremo será más frecuente e intenso

TENDENCIA. Se acortan los plazos e incrementa el riesgo de inundaciones permanentes.

Los próximos 30 años tendrán patrones de precipitación más lluviosos y secos.

El analista climatológico Mauricio Saldivar, reconoció que las discusiones por el cambio climático dan inicio a una secuencia de décadas que no van a permitir lograr los objetivos que el mundo se había propuesto para mitigar los efectos del clima.

Es decir, no vamos a llegar al año 2030 con medidas para controlar la acción climática, reducir los riesgos de desastre y alcanzar objetivos productivos basados en el desarrollo sostenible.

“El mundo no llegará a tiempo y como consecuencia es difícil que se alcance un bienestar común, motivado hacia el desarrollo responsable, el fin del hambre y la pobreza”, expresó Saldivar.

Al mismo tiempo, reconoció que será muy complicado lograr reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en el orden del 45% y virar hacia una neutralidad climática en el año 2050 con un registro de cero (0) para la huella de carbono.

“Por estos días, se discuten las dificultades de instrumentar lo acordado en París (2015), que busca estabilizar el aumento de la temperatura en 1,5 grados sobre fin de siglo”, rescató este divulgador científico reconociendo que no hay voluntades y muchas naciones prevén que el incremento de la temperatura para esos años será de 3 a 4,5 grados.

El dato anticipa la necesidad de prepararse en materia productiva para fuertes inundaciones, anegamientos de zonas agrícolas y ganaderas, así como también, el riesgo de que más de 300 millones de personas estén en riesgo de tener inundaciones permanentes en todo el mundo.

“Es posible que una mayor cantidad de eventos extremos, comiencen a sucederse de forma continua y frecuente”, resaltó dejando ver que piedra, granizo y tormentas bravas podrían transformarse en algo cotidiano para varias áreas productivas de la región núcleo central.

También, habló de un cambio en los patrones de precipitaciones que pronunciarán las lluvias en zonas lluviosas y aumentarán la sequía en las áreas más secas de nuestro continente.

Para la Argentina, el especialista diferenció algunos ítems, que parten por reconocer que nuestro país se salva por no estar entre los grandes productores del mundo. “Solo representamos –desde el punto de vista productivo– menos del 1% de las emisiones globales del planeta. Implica que estamos en puesto 23 de los países de emanan gases, aunque por detrás hay 180 países que generan menos desequilibrios en la naturaleza”.

Esta comparación podría obligarnos a ajustar estrategias que pasan por alcanzar una adaptación a los nuevos escenarios climáticos.

Y acá está el problema, porque el mundo se prepara para discutir una compensación hacia la Argentina a cambio de frenar la explotación del yacimiento petrolífero Vaca Muerta, que abarca 30 mil kilómetros cuadrados sobre las provincias de Neuquén, Río Negro, Mendoza y La Pampa.

“Si el objetivo fuera frenar el cambio climático, no se debería repetir lo que se hizo en otras regiones aprovechando las reservas de gas y petróleo, aunque contaminando todo el planeta”, subrayó Saldivar previendo que no es irreal la posibilidad de una compensación económica a cambio de la no utilización de las reservas de carbono y su liberación a la atmósfera.

CRISIS Y SEQUÍA

Según Saldivar, desde el punto de vista productivo, el evento climático más trascendente de los últimos tiempos, fue la corriente de La Niña del año 2008. “Reflejó la sequía más grande de los últimos 60 años y se sumó a una fuerte crisis económica. Hay que estar atentos a todo esto, y en particular si consideramos que en nuestro país ha sido muy común que las fuertes sequías vayan acompañadas de malos momentos en toda la economía. Lo más cercanos fueron el Rodrigazo de 1975 y la crisis de la Alianza del 2001, que terminó con el gobierno del Dr. Fernando de la Rúa”.

Este observador, considera Argentina está a la vanguardia en la sostenibilidad agropecuaria pero estima que es necesario resolver los problemas de conservación de los bosques nativos y la disponibilidad de áreas para la agricultura y la ganadería. “Esto, en un contexto de cambio climático -donde todo se está modificando constantemente-, requiere analizar prioridades y formas para salir de estas pujas. Caso contrario, el camino podría ser casi suicida”.

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