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05/08/2022

Agro: el clima es el gran responsable de las crisis económicas

Argentina espera salir de años con temperaturas altas y escasas precipitaciones. Revertir los menores rindes de cosecha.

Esta semana, el ministerio de la Producción de la provincia de Santa Fe, presentó un proyecto de Ley de Gestión de Riesgos de Emergencias Agropecuarias, que tiene la particularidad de considerar el 70 % de los productores que realizar sus tareas sobre campos alquilados y requieren un cambio de enfoque ante la eventualidades de emergencia o desastre.

La iniciativa que busca reemplazar la Ley 11.297 dictada en 1995, habla de herramientas de prevención, mitigación y recomposición de capital de trabajo ante las reiteradas contingencias que ha venido causando el clima en las últimas décadas.

Cuenta con el aval de todas las gremiales del sector, los institutos técnicos y las cadenas productivas, y al mismo tiempo, vuelva a reinsertar la idea de constituir un fondo integrado con el 40 % del impuesto inmobiliario rural, luego de ser coparticipado con municipios y comunas.

La herramienta mejoraría la asistencia financiera y económica durante el lapso que duran los eventos con clima adverso.

Es un paso adelante, aunque los principales especialistas de clima y agua del país advierten que estamos en una cuenta regresiva sobre lo que se podría venir en la próxima década.

Ante esto, el meteorólogo y divulgador científico Mauricio Saldivar, volvió a remarcar que los patrones de temperaturas y precipitaciones son factores determinantes en el desarrollo económico.

Asimismo, expresó que las corrientes climatológicas constantes e intensas han disparado -hace varias décadas-, una serie de tormentas económicas cuantiosas, que fluctuaron entre las sequias extremas, los excesos de humedad y la transformación generada -por el hombre- sobre el ambiente frente a las desesperación por apaciguar los impactos.

Saldivar, resaltó a la corriente climatológica Niña (de fuerte a moderada), y la posicionó como responsable del incremento de desigualdades y grandes problemas socioeconómicos de nuestro país y la región. De hecho, en Sudamérica se estima una caída mayor a las 20 millones de toneladas de granos y en Argentina la soja viene cayendo por el orden de 5 millones de toneladas entre los 2 últimos ciclos. Cerca de 6 millones son las pérdidas del maíz.

Si bien estas bajas productivas son atenuadas por los altos precios internacionales, el clima de crisis es constante y de mayor intensidad en las economías vulnerables y los países pobres.

Para Argentina, a partir del mes de agosto los indicadores marcan la finalización del efecto Niña, aunque el corto lapso de interrupción de la misma, no permitirá acomodar el daño sobre varias regiones. Ni hablar si uno lo mira desde el punto de vista económico, ya que sobre fin de año se espera una tercera fase la Niña debido al enfriamiento en la temperatura del Océano Pacífico. “El agro que viene complicado en diversas zonas del planeta, podría transitar por problemas mayores en el primer semestre de 2023”, enfatizó el analista. 

El tiempo

A lo largo de la historia Argentina, las eventualidades climáticas han sido una de las principales impulsoras de las crisis económicas del país. Según varios analistas, para nuestro país, de impacto directo en el sector agropecuario.

Es decir, los años de altas temperaturas y limitaciones de lluvias, generan menores rindes en cada cosecha, mayores costos, menor posibilidad de exportación por la bajante de los puertos y tantas otras consecuencias que ya hemos visto.

Actualmente, las estadísticas indican que las mayores crisis de Argentina, han ocurrido cuando la corriente climatológica denominada “Niña”, se extendió con fuerte intensidad por más de 2 años. Si bien no fue la única causal, ha sido determinante en los alzamientos de las décadas de 70, 80, 90, 2000 y 2010 (Rodrigazo, Hiperinflación, Crisis 2001, Resolución 125 y Cepo al dólar). En otras ocasiones, cuando se potenciaron los efectos de la seca, transitamos las consecuencias del denominado Efecto Tequila, la devaluación de 2018 y la crisis económica actual, que tal vez comience a atenuarse en el segundo semestre de 2023.