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Bertini: un hombre que dejó surcos en el campo argentino

ENRIQUE BERTINI (P). El empresario siempre apostó a la tecnología.

Innovó con los sistemas de siembra neumática y la distribución por placas. Sembró en el barro y la piedra, sin tenerle miedo a los desafíos.

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Cuando en agosto del 2006, los funcionarios de Afip le preguntaron al Ing. Enrique Bertini (P) a donde iba la sembradora que estaban cargando en la planta, contestó sin ningún titubeo que su destino eran las Islas Malvinas.

A su vez agregó; “no se trata de una exportación, sino de un envió al mercado interno con la salvedad que la vamos a ingresar por Montevideo (Uruguay)».

La ironía lo pintaba de pies a cabeza, ya que su picardía se conjugada con el amor que sentía por nuestro país,  a pesar de haber nacido en Italia.

Este ingeniero, fue el único empresario que logró poner en las Islas (Malvinas) una sembradora argentina, para recoger el fruto de esas tierras y tomarse la revancha que sentía por esa guerra absurda.

También, fue uno de los pocos que pudo sembrar en el barro, articulando sus sembradoras con suplementos de acero inoxidable, que según él hacían que el suelo blando o pastoso patine en los trenes de siembra.

Bertini, era un hombre simple, aunque cargado de convicciones que puso en práctica en todo momento. Había empezado como los empresarios pioneros de la maquinaria agrícola, doblando fierros y haciendo arreglos en el garaje de su casa y pidiendo más espacio.

No tardó mucho en montar su empresa y adecuarla a sus principios, que se caracterizaban en la elección de materiales nobles, robustos y amenos.

De ahí, que más allá de la chapa que cargaban sus implementos, su vida misma comulgaba con estos conceptos, escaleras con escalones de mármol, mesas y mobiliario de algarrobo, los famosos salamines de Oncativo que eran una clásica camaradería y la grapa Candolini, entre alguno de sus gustos.

Su frase, tradicional siempre era decir estamos bien, estamos trabajando y en ella resumía el esfuerzo que significaba mantener un equilibrio en tantos tiempos de economía difícil que tiene la Argentina.

Nunca aflojó y aprendió que la eficiencia que le faltaba, por las variables vulnerables que muchas veces presentó el país, se corregían con innovación, estrategia y tecnología.

Entonces, supo suplir la restricción al uso del gas con generadores, o el freno a las  importaciones logrando generar stock cuando sus previsiones o predicciones lo creían.

En tecnología, se puso a la vanguardia cuando decidió recorrer el mundo buscando tornos robotizados, cortadoras laser, sistema de granallado para mejorar los procesos de pintura y otras maquinarias que lo pusieron a la cabeza desde un primer momento.

Algo que hizo valer en su paso como presidente de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola (Cafma), donde su ejercicio sentó las bases para diferenciar la industria nacional de las multinacionales o extranjeras. Abrió la discusión, pidió que se reconozca el esfuerzo de los empresarios argentinos y clamó porque se proteja nuestro trabajo.

A pesar que se sentía muy Argentino, su vínculo con Italia era férreo y constante. Es decir, encontró en su pueblo natal (Rocca Malatina), hasta la tradicional feria de la maquinaria agrícola EIMA de Bologna, a quien visitaba bianualmente, la satisfacción constante de combinar el trabajo con algo de esparcimiento.

Siempre contaba, que en ese pueblito de Módena estaba el fruto de su corta infancia, casi difusa. Ahí, cada vez que lo visitaba uno de sus pasos incluía una abundante ofrenda de flores (rosas) en el cementerio regional, donde descansaban varios de amigos, conocidos y parientes.

Con esta sencillez, el Ing. Bertini disfrutó la vida y enfrento lo bueno y lo malo. La inseguridad en su barrio, que se llevó la vida de uno de sus nietos, el dolor de las ausencias, la pandemia, la repentina muerte de su mujer y la enfermedad que no lo retiro de su fábrica, sino que lo dejó ahí sentado viendo correr el tiempo.

La empresa fue su lugar de trabajo y prácticamente su casa. Del desayuno con café con leche y medialunas, los almuerzos con sus empleados y los árboles frutales (higos, ciruelos, naranjos, nogales) que ornamentan los espacios verdes de la planta.

Detrás la tecnología de sus máquinas, cargadas de detalles artesanales y como se suelen decir algunos; “hecha por sus propios dueños”.

Líder en Siembra Directa, resume uno de sus slogans. Una aptitud que Bertini mantuvo hasta los 87 años y nunca dejo que se apague porque con su palabra consejera la proyectó hacia los nuevos tiempos. “Veo años de trabajo, producción y exportaciones. Veo a muchos que entienden que hay que seguir peleando siempre”, decía como ideal que mantuvo hasta sus últimos días.